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Te estás yendo

Te estás yendo. Te estás yendo poco a poco, lejos de mí sin poder hacer nada. Te estás yendo casi sin despedirte, con medias risas y dolores. Eres muy fuerte, pero eres humano por eso te estás yendo. No quiero, no lo acepto. Te quiero, como si me hubieses dado la vida, como si fueses infinito, te quiero. Quiero verte, de nuevo mil y una vez más. La vida te está ganando, pero por favor no dejes de jugar. Agota tus últimas fuerzas aunque sea solo para contar los días que nos quedan para vernos, aunque sea solo por llenar los hoyuelos que habitan en tus pupilas. Hasta cuándo tu voz tendrá brillo... Cuánto falta para que vivas para siempre... Necesito acercarme a tu sonrisa, necesito que esa vez no sea la última.
Miedo a equivocarme, a no ser perfecta a fallar. Necesito pero no puedo, la presión me abruma y acaba apoderándose de mis pensamientos. Sensaciones turbias, temblores y escalofríos. Esa obligación de destacar. Lo correcto se adelanta y no deja paso, me encarcela en inseguridades sin silencio ni gritos, si piedad ni placer. ¿por qué no puedo escapar? Nada me ata, pero no puedo irme, no puedo liberar mi mente, encarcelada sin retorno. Acaba ya, pero no acaba bien, estos pasos marcarán el camino, desconocido y deseado. Frío ahogándose en llamas, locura, paz. Sensación de vacío en la abundacia, neciedad, claridad. Saciedad en versos. Deja escapar. Atrás.

Que llena de esperanzas mi temblor...

Quiero que escuches esto, hazlo por mi. Es puro sentimiento, sencillo y directo. Hace tiempo no me paraba a contemplar las letras de este tipo de canciones, eran simples palabrerías que quieren que se compre. Siempre iba con prisas y sin frenos, hacia delante, sin observar a mi alrdedor, no sabía lo que me perdía, aunque estoy segura que si lo hubiese sabido me daría igual. Pero claro, derrepente llega esa persona, que te hace que frenes, que silencies tu ruido para que por primera vez escuches como te late el corazón dándote cuenta de que  existe y te pide a gritos que lo hagas funcionar, que lo abraces para que se calme. Esa persona que te enseña el valor del tiempo, desgarrándote las ganas de que se pare, quedandoros atrapados para siempre. Esa persona que no se precipita, que poco a poco otorga un nuevo sentido a la noche gris, que con la mirada te hace pedacitos cada vez más pequeños, ya no son tuyos. Esa persona que con su sonreír arrasa con el hielo, desafiando a la luna llena.